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1.crítica a la velocidad

 

nadie siente nada, sino hay color, luz o movimiento. mucho. hay millones de  personas inhábiles para sentir, nos hemos quedado ciegos  por sobredosis de pornografía visual, sordos por acumulación de decibelios, sin habilidad olfativa por  intoxicación química y inútiles al tacto por inhabilidad social. una simple acumulación de parásitos de la vida  real, de la que sólo absorbemos el oxígeno en todos sus formatos. hijos de la sociedad postmoderna y acostumbrados  a la constante variabilidad de elección, a la acumulación  material, siempre en tránsito por nuestras manos debido a la seducción publicitaria, nuestras vidas transcurren por el calendario con exceso de velocidad. Ya solo nos importan los destinos, para una vez allí acumular la anécdota.

 

 

en Tokyo la gente vive,

para trabajar. ejércitos mañaneros desfilan por los pasillos de la estación de Shinjuku, y en el último tren buscan cualquier milímetro libre donde dormir el primer sueño. quizás disponen de una reserva semanal, algún domingo por mes, cuando se dirigen hacía la última cola de  moda de la ciudad, palomitas endulzadas de alegres colores, pancakes bañados con nata, no importa si el precio son 3 horas o 5 y 150 personas detrás. al final en  Instagram no hay tiempo y a esperar a un domingo más para unirse a la última cola cool de la ciudad. las redes  sociales han convertido en consumo nuestro tiempo, y nosotros mismos en publicidad. Y aún así pensamos sentirnos libres. no sentimos.

 

 

es tiempo de flores

durante mayo en Girona. un festival que 60 años atrás  celebraba la hortensia más bonita, hoy es una peregrinación turística para visitar, mayoritariamente,  instalaciones de transgénico exotismo floral. colores  brillantes, flores gigantescas, cactus bañados con agua y ninguna abeja. nadie ve las carreteras, ni sus margaritas,  euforbias, lirios de agua extraviados o lavandas. nadie  las huele. tablet en mano, el curioso visitante se mueve  por las estrechas calles gerundenses en busca de manchas  de color floral. ni siquiera mira. 60 años más tarde, quizá necesitan de un festival indie folk floral. (emoticono de llorar de risa)

 

 

 

(emoticono del demonio rojo peludo)

ninguna de estas anécdotas pretende ser un funeral del  futuro. solo un radar de velocidad. porque a 200 ni las  carreteras forman parte del paisaje, ni los minutos de  Instagram. constantes retratos de postmodernidad o post- postmodernidad, que no deja de ser una postmodernidad  acelerada por las redes y sus consecuencias. ciudades de habitantes interconectados por flujos de datos,  consumidores voraces de materia, que solo se crea y se  acumula, convirtiéndonos en hambrientos monstruos deseosos  de desear objetos que vienen y van del mercado a la  velocidad de la luz. habitantes sedentarios en un decorado  veloz. nuestra memoria, depósito de instantáneas ya solo  sucumbe al shock porque no parece ser tiempo de sutilezas.  la infranormalidad no está de moda.

 

 

 

 

2.ruralidades y jardinería

 

 

Adán y Lilit habitan en mi memoria.

con el tiempo todos nos construimos nuestra imagen de paraíso, aunque distintas, todas vienen de allí. el claro del bosque donde crecen exuberantes camelias y peonias, la sombra de un sauce llorón, un campo en plena floración.

a nuestros orígenes el entorno no era más que un marco y límite de nuestro hogar, sin alternativa al goce, por necesidad de protección. Dante glosó el camino del placer, nació el paisaje, el marco se volvió sentido, lugar  bucólico, lugar romántico, y después destrucción.

 

 

Eva fue creada de Adán.

primer fenómeno transgénico de la humanidad. imagen de mujer sumisa, de y para el hombre, modelo social durante dos milenios. hoy otros modelos valen, fugaces ejemplos de dudosa moralidad, operaciones humanas de marketing que seducen a las masas, con otras  personas y objetos. poca gente entiende las consecuencias  de desear. no importan las playas sin arena, los animales en peligro de extinción, los ríos teñidos de azul klein.  matamos los campos y ahora crecen los pinos, en Lisboa no llegan plátanos de Madeira, en el mediterráneo deseamos campos de césped inglés con naranjos. también el jardinero surfea las modas y convierte los nuevos paisajes en incoherentes collages vegetales. todo nos parece posible, pero siempre quitamos las malas hierbas.

 

 

 

3.cohabitar el paisaje

 

sin casa y con hogar miles de personas caracol recorren Europa en busca de una casa.

les llaman refugiados, pero nadie les da refugio. cargados con lo mínimo, llevan lo máximo que no podían  dejar allí, su esencia de la infranormalidad. un marco de  fotos, algún recuerdo, una almohada. se mueven entre fronteras y territorios ambiguos a la espera de  respuestas. sus objetos huelen a hogar mientras cohabitan  el paisaje. si permanecen, al árbol le crecerán cubiertas, y paredes, ventanas. habrá un momento en el que un primer confort equilibrara con el entorno. quizás este confort es aún paisaje.

 

traducción e interpretación

de la quotidianidad inmediata. paren señores! estudios  hablan de la creciente desertización, del cambio  climático, de la contaminación del aire y los aquíferos.  probablemente la tecnología minimizará o parará todas las consecuencias. pobre planeta cyborg. mitad tierra, mitad  máquina. quizás luego escuchar la lluvia caer en el bosque será un shock. haremos excursiones guiadas y nos darán una audio guía. desearemos pisar un charco, porque o bien no habrá o seremos un flotante mercado asiático. antes que las modas entiendan de escafandras, y debamos untarnos de perfume de hierba mojada, paremos a vivir la vida, no?

 

 

 

4.<krisis>

 

 

les prostitutas de carretera forman parte del paisaje y a mi me gustaría bever un té.

en medio de un campo lleno de margaritas, o debajo unos pinen agosto. quiero dormir debajo las estrellas y bailar con Dionisio. en nuestra realidad, la naturaleza es lo único real.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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